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Archivo de la categoría: Cosas que se sacan de quicio

Consejos prácticos para la vida moderna; el trato a las camareras.

Cómo evitar que una camarera acabe hasta las narices de ti y raje sobre tu persona [o muertos] con sus compañeras.

  • No le hables como si fuera cortita. Trabajar de camarera no significa ser una ignorante.
  • Mírale cuando le hables. Y si le estás mirando pero no es a la cara, no vale. No son sus tetas las que van a traerte el café.
  • Entiende que aunque para tus padres posiblemente seas el centro del mundo, para ella no. Si llegas a un bar y está lleno de gente es posible que esté atendiendo a otras personas y no va a dejarlo todo por ti, ten paciencia.
  • No es adivina, así que por favor, si vais a querer sacarina con vuestro café [“descafeinado de sobre con leche desnatada tibia”] decídselo antes de ir a buscarlo para evitar tener que dar más vueltas que una noria.
  • No, no es un perro para tener que atender a un “tsss tsss” o “sonidocomodebesoquesehacealosperros”.
  • Puede que estéis es un país donde no se hable vuestro idioma, pero eso no significa que nadie pueda entenderos, así que vigilad vuestros comentarios o podréis sorprenderos.
  • Si en tu casa tiras las colillas a un cenicero, en la terraza de un bar haz lo mismo. No, el suelo no se las traga. Por la misma regla de tres, no dejes todas las porquerías que has ido  acumulando en el bolso o las cajas de los zapatos que te acabas de comprar tirados en la mesa o el sofá.

Pero sobre todo…

  • Se merece el mismo respeto que tú, trátala como te gustaría que te trataran a ti.

Por desgracia en esta vida tiene que haber de todo. Menos mal que una se encuentra también con gente agradable y educada, porque si no…

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Publicado por en 14 junio 2011 en Cosas que se sacan de quicio, Genius at work

 

Mis Adorables Vecinos [II]

En episodios anteriores…

D y yo descubrimos que encima de nuestra casa viven los vecinos más porculeros de todo el bloque [el resto de momento son un encanto]. La que más nos atormenta es La Niña Cantora de Viena, una criatura capaz de destrozarte los tímpanos con sólo un minuto con el Singstar.

 

Hoy…La Taconcitos.

 

La Taconcitos se suele levantar entre las siete y cuarto y las siete y media, con algunos paréntesis en los que no sé por qué pero hasta las nueve no hace acto de presencia. Lo primero que hace es subir las persianas como si arriando velas estuviese; ¡¡¡RAAAAAAAAAAASSSS, RAAAAAAAAAAAAAAAASSS!!! ¡¡¡CLOKN!!! Y entonces, creo que sin tan siquiera ir a lavarse la cara, se calza sus adorados zapatitos de tacón. Taca taca taca taca taca taca taca taca taca hacia la izquierda. Para. Taca taca taca. Para. ¿Desayuno? Taca taca taca taca taca taca taca taca taca hacia la derecha. Taca taca taca taca taca taca taca taca taca hacia la izquierda. Taca taca taca taca taca taca taca taca taca hacia la derecha.Taca taca taca taca taca taca taca taca taca hacia la izquierda. Taca taca taca taca taca taca taca taca taca hacia la derecha.Taca taca taca taca taca taca taca taca taca hacia la izquierda. Taca taca taca taca taca taca taca taca taca hacia la derecha.Taca taca taca taca taca taca taca taca taca hacia la izquierda. Taca taca taca taca taca taca taca taca taca hacia la derecha. ¿Pero qué coño está haciendo de buena mañana? ¿¿¿Los mil metros tacón???

 

¡¡¡HIJA DE MI VIDA, PARA ESTAR POR CASA PONTE UNAS MALDITAS ZAPATILLAS Y TE CALZAS LOS TACONCITOS CUANDO VAYAS A SALIR A LA CALLE, QUE DEBAJO TUYO VIVE GENTE!!!

 
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Publicado por en 2 junio 2011 en Cosas que se sacan de quicio, Vecindario

 

Grrrrrr ¬¬

En teoría hoy es El Día del Orgullo Friki, pero me da que también es El Día del Gilip*****, con perdón de Nusk, que hoy cumple años [felicidades again, pequeñina ^^].

Esta mañana en el súper tenía delante a una señora que por lo visto, con eso de la senectud, se ha olvidado de lo que es la educación. Cuando ha ido a pagar se ha dado cuenta de que le faltaban algunos céntimos y después de esperar un rato a que buscara y rebuscara entre todos los bolsillos del monedero, las bolsas de la compra anterior, el carrito y creo que hasta la faja, he puesto mi cara de niña adorable y educada y me he dirigido a ella:

-Si quiere le doy lo que le falta.

Ella me ha mirado por encima de sus gafas con una mezcla de altanería, odio e indignación.

-¿Y tú qué? ¿Vives aquí?

Yo me he quedado con las ganas de mandarla un ratito a la mierda, pero Papa y Mama me dieron educación y nonono, esas cosas no se hacen. Así que me he conformado con desearle mentalmente que ojalá se vaya a un viaje del Imserso de 14 horas de bus y que justo al subir se dé cuenta de que se ha olvidado las Tena Lady en casa. Digo yo que vale, igual le ha podido molestar que le ofreciera lo que faltaba, pero no costaba nada decir un “No, gracias” y no quedar como una jodida vieja cascarrabias.

Todavía medio cabreada por lo de la abuela maleducada, he ido a cambiar el ticket del coche y me he encontrado con que algún “lumbreras” que repartía publicidad ha dejado un folleto en mi limpiaparabrisas tapando justamente el ticket que tenía puesto hasta esta tarde. Mandahuevos, campeón, será que no había sitio. Si algún controlador del ORA me llega a multar, ¿a quién me quejo? ¿Al Ayuntamiento? ¿A Raphael?

Y por si no fuera poco, el día tan precioso que estaba haciendo se ha ido a la porra, se ha nublado todo y ahora parece que se va a caer el cielo :_( Que sí, vale, me gustan las tormentas, pero ya he tenido muchas este año, quiero mi ración de buen tiempo >.<

En fin, mañana será otro día. ¡Y espero que mejor!

 
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Publicado por en 25 mayo 2011 en Cosas que se sacan de quicio

 

Mis Adorables Vecinos [ I ]

Al poco de mudarnos D y yo al piso, empecé a descubrir las “maravillas” de vivir en un bloque. Yo, que toda la vida había vivido en una casa con un terreno que me distanciaba bastante de los vecinos [que además eran mis abuelos, por lo que podía llegar tranquilamente a casa a la hora que quisiera sin miedo a que nadie cotilleara de mis idas y venidas], no estaba acostumbrada a oír voces en casa que no eran las de los que vivíamos o estábamos en ese momento en ella. Ni a enterarme de la hora a la que entraban o salían los vecinos de su casa. Ni tan siquiera a encontrarme a alguien cuando salía a por el correo o a tirar la basura con un chándal encima del pijama [básicamente porque aquí lo hago en un minuto y en la urbanización tenía que coger el coche para ir a la zona central]. Y por supuesto, no estaba acostumbrada a estar tranquilamente en casa pelando patatas y que de repente una voz monstruosa inundara la cocina para cantar una y otra vez “Serenade”. Sí, así fue como “conocí” a La Niña Cantora de Viena.

La primera vez, como ya he dicho, me pilló sola en casa mientras preparaba la cena. Estuvo por lo menos una hora cantando la misma canción. Una y otra vez. Una y otra vez. Una y otra vez. Cuando llegó D, se lo conté, pero no me hizo mucho caso. A la tarde siguiente estaba en el sofá leyendo y D jugando a la consola cuando, de repente, un ruido de acople me sacó de Invernalia y me trajo de nuevo a la realidad.

-Un dos, un dos, probando.

Oh, oh.

-Cariño, escucha, es la vecina que te decía ayer.

*Sonido que más bien parecía un gato en celo con afonía*

-¿Y qué quieres que haga?

“Subir con un lanzallamas y exterminarla ¬¬ ”

Empecé a pensar que igual eran manías mías, que yo no estaba acostumbrada a esto de tener vecinos y que lo normal es tener que aguantar que de repente una horrible voz irrumpa en tu casa [porque si al menos la niña cantara bien y tuviera un repertorio amplio y con buen gusto, pues oye, lo mismo era soportable], pero al tercer día me di cuenta de que yo no era la única que no estaba conforme con los gorgoritos de la nena.

Estaba en el sofá con el portátil hablando con unos amigos y ella, al igual que los dos días anteriores, empezó a cantar “Serenade” [que por cierto, la reconocí por pura intuición, ya que la pronunciación en inglés no es el fuerte de la chiquilla]. Les conté a mis amigos lo que pasaba y empezaron a darme consejos sobre qué hacer. En un momento dado se me ocurrió grabarla para enviarles el video y que disfrutaran ellos también, pero justo cuando saqué la cabeza por la ventana [era verano y ambas teníamos las ventanas abiertas, por lo que se oía mejor así que dentro de la casa] oí a otro vecino desgañitarse para decir “¡NIÑA, QUE TE CALLES DE UNA VEZ!”. Al momento cesaron los maullidos y la paz se instauró en el bloque. Tres semanas. Tres felices semanas. No sé si fue casualidad y que se fue de vacaciones o que estaba acojonada por los gritos del señor. El caso es que cuando ya ni me acordaba de la niña, una tarde volvió a las andadas. Y con el volumen más alto. Y más a menudo. Y cada vez a horas menos normales. Lo único bueno es que al menos va variando el repertorio. De “Serenade” pasó a “Alejandro” [que también repitió una y otra vez hasta que el nombre dejó de tener sentido] y alguna más que ahora no recuerdo.

El caso es que ya he probado varias cosas para hacerla callar [menos subir a su casa y decirle que por favor deje de torturarme, pero me da miedo enemistarme con ellos, porque al vivir encima de nosotros llevan las de ganar, que ya os hablaré otro día de los padres de La Niña Cantora de Viena, más conocidos como La Taconcitos y El Martillito]. Un día puse metal a toda hostia y al instante se calló. Creí haber encontrado la fórmula de la felicidad, pero cuando la siguiente vez que empezó a cantar volví a hacerlo, no surtió efecto alguno. He probado también a hacer lo típico de los tebeos o las películas de picar en el techo con el mango de la escoba. Tururú. No sirve de nada, porque sólo se oye en mi casa. También le grité un día por la ventana igual que el otro vecino. Me ignoró [o lo mismo ni me oyó]. Por suerte va por rachas y a veces tengo que soportarla unos cuantos días seguidos pero luego me da tregua una o dos semanas…digo yo que irá en función de la cantidad de deberes que tenga, los castigos y las notas.

Así que de momento vivo resignada, aguantando como buenamente puedo. Hasta el día que me harte y suba con un lanzallamas :)

 
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Publicado por en 2 febrero 2011 en Cosas que se sacan de quicio, Vecindario