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Mis Adorables Vecinos [II]

En episodios anteriores…

D y yo descubrimos que encima de nuestra casa viven los vecinos más porculeros de todo el bloque [el resto de momento son un encanto]. La que más nos atormenta es La Niña Cantora de Viena, una criatura capaz de destrozarte los tímpanos con sólo un minuto con el Singstar.

 

Hoy…La Taconcitos.

 

La Taconcitos se suele levantar entre las siete y cuarto y las siete y media, con algunos paréntesis en los que no sé por qué pero hasta las nueve no hace acto de presencia. Lo primero que hace es subir las persianas como si arriando velas estuviese; ¡¡¡RAAAAAAAAAAASSSS, RAAAAAAAAAAAAAAAASSS!!! ¡¡¡CLOKN!!! Y entonces, creo que sin tan siquiera ir a lavarse la cara, se calza sus adorados zapatitos de tacón. Taca taca taca taca taca taca taca taca taca hacia la izquierda. Para. Taca taca taca. Para. ¿Desayuno? Taca taca taca taca taca taca taca taca taca hacia la derecha. Taca taca taca taca taca taca taca taca taca hacia la izquierda. Taca taca taca taca taca taca taca taca taca hacia la derecha.Taca taca taca taca taca taca taca taca taca hacia la izquierda. Taca taca taca taca taca taca taca taca taca hacia la derecha.Taca taca taca taca taca taca taca taca taca hacia la izquierda. Taca taca taca taca taca taca taca taca taca hacia la derecha.Taca taca taca taca taca taca taca taca taca hacia la izquierda. Taca taca taca taca taca taca taca taca taca hacia la derecha. ¿Pero qué coño está haciendo de buena mañana? ¿¿¿Los mil metros tacón???

 

¡¡¡HIJA DE MI VIDA, PARA ESTAR POR CASA PONTE UNAS MALDITAS ZAPATILLAS Y TE CALZAS LOS TACONCITOS CUANDO VAYAS A SALIR A LA CALLE, QUE DEBAJO TUYO VIVE GENTE!!!

 
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Publicado por en 2 junio 2011 en Cosas que se sacan de quicio, Vecindario

 

Los pintores

Hace cosa de un mes y medio me encontré en el portal un cartel que avisaba de que para el 15 de abril estaba previsto que empezaran los pintores a arreglar eso tan feo que teníamos por paredes en el patio [al que no podemos acceder pero que es lo que tengo delante de los morros mientras cocino]. Yo pensaba que ese día no iba a llegar nunca, porque a mi casera le dijeron algo así hace más de un año cuando compró el piso y yo llevaba viendo esas paredes feas y desconchadas durante meses y meses…

Llegó el día 15 y pasó sin que vinieran los pintores. Pensé que al ser viernes igual habían pasado a ver qué había, se habían deprimido al ver una cosa tan desastrosa y se habían vuelto a casa a mentalizarse durante el fin de semana. Pero nanay. Llegó el lunes y no aparecía nadie. Y el martes tampoco. Ni el miércoles, el jueves y el viernes, por supuesto. Ya me había hecho a la idea de que no iban a venir y de que tendría que seguir viendo las paredes feas mientras cocino…hasta que una mañana, preparándome el desayuno vestida con el traje de Eva, me tuve que esconder rápidamente tras el sofá para taparme con una manta e ir corriendo a mi habitación a ponerme algo encima porque de repente había visto pasar unas siluetas tras las [finíiisimas y transparentíiisimas] cortinas.

Los pintores habían llegado. Y yo creo que están aquí para quedarse…

Trabajar, no sé si trabajan mucho, pero hablar y asustarme con la radio, hacer apariciones repentinas o ruidos extraños…¡lo hacen de punta madre!

Los primeros días que empecé a escuchar música más alta de lo normal pensé que los malditos adoraaables vecinos de arriba habían vuelto a la carga, hasta que una mañana vi a los pintores bajar con su cuerda al ritmo de la música.

Un día me asusté mucho al oír lo que parecían bombonas de butano cayendo del cielo. Eran ellos haciendo nosequé con los andamios [a juzgar por el ruido, como mínimo jugando a las espadas con los hierros].

Y una vez creí que iban a echar la pared abajo a golpes. No sé qué estarían haciendo, pero lo repiten a menudo.

Otro día estaba tan tranquila preparándole la comida a D cuando casi muero de un infarto al ver aparecer ante mí de la nada unos pies colgando. Jo-der. Deberían tener un pitido incorporado que suene a medida que se acercan al suelo, para advertir a las pobres señoras que están tan tranquilas en sus casas…Claro que entonces seguramente me asustaría al oír el pitido -_-

No se aprecia mucho en la miniatura, pero si pincháis y ampliáis la foto ahí están los pies de uno de los pintores en su "columpio"

Pero el colmo ya fue ayer. Estaba a punto de salir de casa cuando escuché unas risitas apagadas y un “rasss…rasss…rassss…” que provenía del salón. Me acerqué para apagar la tele pensando “un día pierdes la cabeza…” y vi que estaba apagada y no se oía nada. Me giré pensando que igual debería empezar a plantearme ir al psiquiatra y cuando estaba a medio pasillo volví a oír el “rasss…rasss…rasss…” y las vocecitas. Acojonada y pensando que tenía un poltergeist en el sofá pasándoselo pipa a mi costa fui otra vez hacia allí. Obviamente no había nada ni nadie y no se oía nada…durante unos segundos. Luego otra vez el “rasss…rasss…rasss…“. Esta vez me di cuenta de que el ruido no venía del salón, si no del patio. Me acerqué a la ventana y vi a los pintores colgados encima de ella rascando la pared ¬¬u

El caso es que por más días que lleven aquí y más ruidos que hagan, nunca me acuerdo de que están. Lo peor es que seguro que el día que se vayan al fin me habré acostumbrado y no me extrañaré al oír ruidos en casa antes de irme y los ladrones se frotarán las manos u_u

 
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Publicado por en 11 mayo 2011 en Cosas que sólo me pasan a mí, Vecindario

 

Ding Dong

Ding Dong

Me acerco a la puerta y pego el ojo a la mirilla. Una chica con unas pintas muy raras que no conozco. Pongo la cadenita y abro.

-Hola, buenos días.

-Buenos días- “porfavornointentesvendermenadaquenoestoydehumor”.

-Mire, vengo en nombre de “X ONG” – sonrisa estudiada que a mí no me engaña – Estamos buscando gente que esté interesada en apadrinar a unos niños de Somalia y…

-Espera…

-Porque bla bla bla…

-Perdona…

-Y bla bla bla discursito aprendido en la formación laboral bla bla bla…

-Escucha, perdona…

Se calla y sonríe.

-Mira, es que no puedo apadrinar a ningún niño, si acaso necesito que me apadrinen a mí, que la cosa está muy mal…

-Ah, bueno, pero si te interesara en un futuro ya sabes que bla bla bla…-la dejo hacer, parece feliz así.

-Vale, gracias, hasta luego.

-A ti, hasta luego.

 

 

Ding Dong

Me acerco a la puerta y pego el ojo a la mirilla. Una mujer mayor, otra de mediana edad y un niño de unos ocho años. WTF??? Pongo la cadenita y abro.

-Hola, buenos días.

-Buenos días.

Sacan unos calendarios de virgencitas. Ufff…La mujer mayor coge aire y empieza:

-Venimos de “niputaideadeloquemedijo”, que estamos recaudando dinero para bla bla bla.

-Ya, bueno, es que ahora mismo no me va muy bien que digamos…

Desaparece la sonrisa de la mujer de mediana edad. El niño pone cara de “otra que nos dice que no”. La mujer mayor sigue sonriendo y me da un poco de pena, pero qué coño, más pena me doy yo que estoy sin trabajo.

-Ah, bueno, vale…gracias, que pase un buen día.

-Igualmente.

 


Ding Dong

Me acerco a la puerta y pego el ojo a la mirilla. Un hombre mayor que me recuerda a mi bisabuelo. Pongo la cadenita y abro.

-Hola, joven, buenas tardes.

-Hola, buenas tardes.

-Mira, es que estamos vendiendo estos calendarios para recaudar dinero para “denuevoniputaidea”.

-Ya, pero es que…

Me saca un calendario gigante de la Santina.

-Mira qué bonito es.

-Sí, ya, pero…

Me saca otro de más vírgenes, santos y demás cosas religiosas. Me da mucha pena, porque le está poniendo mucho entusiasmo y tiene cara de bonachón, pero sé que no le voy a comprar nada.

-Es que soy Atea, lo siento…-sonrío con cara de “De verdad que lo siento, pero no me gusta”.

-Ahhh, bueno, no importa, también tengo estos de animalitos.

Mierda >.<

-Verá, es que no voy bien de dinero, estoy sin trabajo.

-Oh, bueno, entonces nada, chata, no pasa nada. Que vaya bien.

-Gracias, igualmente.

Mierdamierdamierda, ¿por qué la gente mayor me da tanta pena? >.<

 

 

Ding Dong

Me acerco a la puerta y pego el ojo a la mirilla. Dos chicos jóvenes que no conozco. Pongo la cadenita y abro.

-Hola, estamos vendiendo boletos para sacar un dinero para el viaje de estudios.

-Oh– recuerdo cuando era yo la que iba vendiendo entradas para las fiestas que organizábamos las de Educación Infantil para costearnos los viajes. También recuerdo que las últimas compras las he hecho con la tarjeta porque no llevo un duro suelto – ¿A cuánto son?

Veo que los dos sonríen pensando que al fin han vendido algo. Me empiezo a sentir culpable incluso antes de ir a pedirle el dinero a D, porque ya imagino que me dirá que no.

-Dos euros.- Bueno, es poco, igual sí…

-Esperad un momento…

Voy al salón rezando.

-Cariño, son unos chicos que están vendiendo boletos para sacar dinero para el viaje de estudios.

-No.

T_T Lo sabía…

-Perdonad, es que no tengo suelto, lo siento.

-Vaya, bueno, no pasa nada…

-Lo siento, de verdad. Hasta luego.

-Hasta luego.

 

 

Ding Dong

Me acerco a la puerta y pego el ojo a la mirilla. Un chico joven que no conozco. Pongo la cadenita y abro.

-Hola, buenas tardes. -Sonríe y me pone ojitos. ¿Cree que así tiene más posibilidades de venderme algo?

-Buenas tardes…

-Vengo en nombre de “X ONG” y…

-Espera, espera, antes de que sigas…

-Dime.

-Estoy sin trabajo y no me sobra el dinero, no vas a sacarme nada, así que antes de que sigas explicándote, te ahorro ese tiempo perdido.

-Ah, bueno…gracias. Pues nada, que se mejore tu situación.

-Gracias, buenas tardes.


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¿¿¿Cuándo va a llamar a mi puerta un señor con sonrisa Profident con un cámara y con una azafata que sostenga un gran cheque a mi nombre???

 
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Publicado por en 17 febrero 2011 en General, Vecindario

 

Mis Adorables Vecinos [ I ]

Al poco de mudarnos D y yo al piso, empecé a descubrir las “maravillas” de vivir en un bloque. Yo, que toda la vida había vivido en una casa con un terreno que me distanciaba bastante de los vecinos [que además eran mis abuelos, por lo que podía llegar tranquilamente a casa a la hora que quisiera sin miedo a que nadie cotilleara de mis idas y venidas], no estaba acostumbrada a oír voces en casa que no eran las de los que vivíamos o estábamos en ese momento en ella. Ni a enterarme de la hora a la que entraban o salían los vecinos de su casa. Ni tan siquiera a encontrarme a alguien cuando salía a por el correo o a tirar la basura con un chándal encima del pijama [básicamente porque aquí lo hago en un minuto y en la urbanización tenía que coger el coche para ir a la zona central]. Y por supuesto, no estaba acostumbrada a estar tranquilamente en casa pelando patatas y que de repente una voz monstruosa inundara la cocina para cantar una y otra vez “Serenade”. Sí, así fue como “conocí” a La Niña Cantora de Viena.

La primera vez, como ya he dicho, me pilló sola en casa mientras preparaba la cena. Estuvo por lo menos una hora cantando la misma canción. Una y otra vez. Una y otra vez. Una y otra vez. Cuando llegó D, se lo conté, pero no me hizo mucho caso. A la tarde siguiente estaba en el sofá leyendo y D jugando a la consola cuando, de repente, un ruido de acople me sacó de Invernalia y me trajo de nuevo a la realidad.

-Un dos, un dos, probando.

Oh, oh.

-Cariño, escucha, es la vecina que te decía ayer.

*Sonido que más bien parecía un gato en celo con afonía*

-¿Y qué quieres que haga?

“Subir con un lanzallamas y exterminarla ¬¬ ”

Empecé a pensar que igual eran manías mías, que yo no estaba acostumbrada a esto de tener vecinos y que lo normal es tener que aguantar que de repente una horrible voz irrumpa en tu casa [porque si al menos la niña cantara bien y tuviera un repertorio amplio y con buen gusto, pues oye, lo mismo era soportable], pero al tercer día me di cuenta de que yo no era la única que no estaba conforme con los gorgoritos de la nena.

Estaba en el sofá con el portátil hablando con unos amigos y ella, al igual que los dos días anteriores, empezó a cantar “Serenade” [que por cierto, la reconocí por pura intuición, ya que la pronunciación en inglés no es el fuerte de la chiquilla]. Les conté a mis amigos lo que pasaba y empezaron a darme consejos sobre qué hacer. En un momento dado se me ocurrió grabarla para enviarles el video y que disfrutaran ellos también, pero justo cuando saqué la cabeza por la ventana [era verano y ambas teníamos las ventanas abiertas, por lo que se oía mejor así que dentro de la casa] oí a otro vecino desgañitarse para decir “¡NIÑA, QUE TE CALLES DE UNA VEZ!”. Al momento cesaron los maullidos y la paz se instauró en el bloque. Tres semanas. Tres felices semanas. No sé si fue casualidad y que se fue de vacaciones o que estaba acojonada por los gritos del señor. El caso es que cuando ya ni me acordaba de la niña, una tarde volvió a las andadas. Y con el volumen más alto. Y más a menudo. Y cada vez a horas menos normales. Lo único bueno es que al menos va variando el repertorio. De “Serenade” pasó a “Alejandro” [que también repitió una y otra vez hasta que el nombre dejó de tener sentido] y alguna más que ahora no recuerdo.

El caso es que ya he probado varias cosas para hacerla callar [menos subir a su casa y decirle que por favor deje de torturarme, pero me da miedo enemistarme con ellos, porque al vivir encima de nosotros llevan las de ganar, que ya os hablaré otro día de los padres de La Niña Cantora de Viena, más conocidos como La Taconcitos y El Martillito]. Un día puse metal a toda hostia y al instante se calló. Creí haber encontrado la fórmula de la felicidad, pero cuando la siguiente vez que empezó a cantar volví a hacerlo, no surtió efecto alguno. He probado también a hacer lo típico de los tebeos o las películas de picar en el techo con el mango de la escoba. Tururú. No sirve de nada, porque sólo se oye en mi casa. También le grité un día por la ventana igual que el otro vecino. Me ignoró [o lo mismo ni me oyó]. Por suerte va por rachas y a veces tengo que soportarla unos cuantos días seguidos pero luego me da tregua una o dos semanas…digo yo que irá en función de la cantidad de deberes que tenga, los castigos y las notas.

Así que de momento vivo resignada, aguantando como buenamente puedo. Hasta el día que me harte y suba con un lanzallamas :)

 
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Publicado por en 2 febrero 2011 en Cosas que se sacan de quicio, Vecindario